lunes, 23 de mayo de 2016

Un amor prohibido

La brisa de la tarde golpea mis mejillas con un aroma a primavera. Mientas mi pelo baila al son del ligero viento, encrespándolo a su manera, divertidos. Noto como oscurece,  el Sol escondiéndose  para dejar paso a la Luna, tan cerca pero tan lejos, deseosos por encontrarse en algún momento, junto a la eternidad que los acecha. Unidos en unos lazos llamados días y noches. Mientras que los pájaros revolotean en toda su serenidad, en un cielo azul, con nubes  atreviendo a asomarse  para contemplar la despedida del Sol y la llegada de la Luna, maravillados ante tanto resplandor y oyendo los pasos y suspiros de cada uno. Entonces, oscurece, dejando pasar la luz de miles de estrellas, que incluso algunas muertas, perduran en esa batalla del amor en el que el único ganador es el espectador.

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